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Tu atención al cliente en el comercio es un reflejo de tus intenciones.

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Cada vez me sorprendo más, y enervo en muchos casos, al entrar en negocios donde los empleados que en muchas ocasiones incluso son los propietarios de los mismos tienen otras cosas mejores que hacer que atender al cliente que acaba de cruzar el umbral de su establecimiento. Estas “cosas mejores que hacer” no suelen ser atender una llamada o a otro cliente, pasan por charlar con otro empleado de forma extensa sobre el tiempo o los hijos, mirar el móvil, ordenar algo, o cualquier menester que o bien no es propio de la empresa o puede posponerse para atender al cliente que acaba de entrar.

Admitámoslo, en cualquier negocio es más complicado atraer al cliente que cerrar la venta en sí (ojo, lo digo porque si no te conocen no puedes vender), pues esto supone el paso previo a la monetización y es la labor primordial del marketing. ¿Por qué entonces no prima esta idea también en la mente de quien está al frente de un establecimiento? Me gustaría conocer la realidad pero creo que se debe primordialmente a una falta de formación empresarial. Montar un negocio no es simplemente conocer los entresijos del mismo, abrir un comercio y esperar vender, para montar un negocio hay que tener ciertas habilidades empresariales y saber convertir las oportunidades en ventas.

¿Qué debe ocurrir en la mente de un empleado cuando un posible cliente entra al establecimiento o hace un amago de búsqueda de atención? Sin más dilación es deber fundamental el acercarse al cliente, saludar y atenderlo debidamente. Dejar todo aquello que se esté haciendo y pueda ser pospuesto, y centrarse en que el cliente esté atendido. No importa si después de la sonrisa de rigor y el “Buenas tardes, ¿le puedo ayudar?” el cliente responde “nada, estaba mirando”. Al menos el cliente ya sabe que tiene un empleado a su servicio, si venía serio o preocupado, gracias a la sonrisa se habrá contagiado, aunque sea un poco, de un estado emocional positivo que siempre favorece a la compra y además sabrá que en el momento que necesite ayuda habrá alguien para atenderle. Es muy fácil, tan fácil que por un momento pensé en si tenía sentido publicar este post, pero sí, me ha ocurrido en los últimos días en un par de ocasiones y necesitaba “soltarlo”. Si tan fácil es ¿Por qué no se hace?

Que quede claro. En tu lugar de trabajo, en el establecimiento dónde pueden llegar individuos con intención de compra, no importa si eres el propietario o no, lo que importa es que te dediques en cuerpo y alma a sacar el negocio adelante y en que los clientes que entren sientan una completa satisfacción por tu servicio. Sonríe, atiende y permanece atento al cliente. No hace falta mucho más y te aseguro que no tienes nada mejor que hacer. Aunque no lo parezca en España la atención al cliente en comercios es mejor que en otros países, aun así el camino recorrido puede ser cercano al 10% sobre la excelencia que aun está por lograr.

Si el cliente tiene la sensación de sentirse desatendido proyectará en el comercio o la marca esa misma sensación, aunque haya sido un empleado temporal el que haya actuado con “pasotismo”. Hay que tener mucho cuidado porque la atención en el comercio es un reflejo de tus intenciones como marca.

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